Nadie se quema de golpe. Eso es lo que nadie te dice.
El burnout no es un evento. Es una fuga. Pequeña al principio, casi imperceptible — el tipo de pérdida que solo detectás cuando el sistema empieza a andar raro, cuando los tiempos de respuesta se alargan sin razón aparente, cuando tareas que antes costaban nada ahora consumen el triple de recursos.
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